Acabar con la violencia, trabajar por la paz

Después del atentado del día 30 de diciembre con su balance de muerte y destrucción y el hallazgo de 100 kilos de amonal en Atxondo, sobran palabras respecto a las verdaderas pretensiones de la organización terrorista ETA.

Es mejor no imaginar que hubiera ocurrido si las circunstancias no hubieran limitado los daños humanos y materiales.

La lógica suicida en la que está instalada la banda desde hace años ha revelado toda su miseria moral y política en este atentado: ruptura de “su” propia tregua sin avisar, continuidad de la lógica de presión mediante el terror, indiferencia por los posibles efectos devastadores de la deflagración, dos muertes, Diego A. Estacio y Carlos A. Palate, cuyo delito fue intentar una vida mejor en nuestro país.

ETA no solo ha dinamitado este proceso de paz sino que ha establecido una nueva frontera para pensar un futuro en paz. En adelante, sus palabras no quieren decir nada y cabe dudar de sus condiciones para asegurar una interlocución creíble. Con este atentado ETA se ha suicidado como actor en condiciones de intervenir en la construcción de la paz en Euskadi y en España. Resultan ahora más patéticas, si cabe, sus pretensiones de convertirse en tutelador político del proceso de paz. ETA debe saber que lo único que cabe esperar de ellos es un llamamiento a un cese total y definitivo del terror. Cualquier otra cosa, simplemente, no servirá.

Batasuna y su entorno han dado muestras de una ausencia de autonomía política difícil de imaginar. Sus ruedas de prensa han puesto de manifiesto hasta que punto su discurso no es ya si no el eco enajenado de una realidad que no existe. Declarar de manera tan impune su subordinación al terror y su incapacidad para influir en el curso de la situación, solo puede ser entendible como el reflejo temeroso de quien no es capaz de comprender lo ocurrido. Y no tienen mucho tiempo para enmendar la situación.

Su única posibilidad es realizar una condena inequívoca del atentado y establecer un pronunciamiento sin dudas sobre su compromiso con la paz, con los procesos deliberativos y democráticos y su exigencia a ETA no sólo de que termine con el terror de manera definitiva, sino que no le considera como tutelador político de ningún proceso futuro.

Pero ni los demócratas ni la democracia podemos renunciar a la esperanza. Y la esperanza es un país en paz y un proceso democrático normalizado, es decir, sin la interferencia del terror ni la amenaza de la violencia. Por eso, desde IU reclamamos firmeza frente al terrorismo, información veraz del proceso por parte del gobierno, humildad en relación al proceso y acción política para lograr a medio plazo un proceso de paz sobre nuevas bases.

IU considera que para facilitar que esa situación se produzca de manera razonable los demócratas comprometidos con la paz tenemos, desde la humildad, cosas también que aprender en este proceso. Es nuestro error no haber sabido construir una red social y política de apoyo a la paz que visibilizase que la mayoría de la sociedad quiere un proceso que concluya con la paz y la normalización. Las insuficiencias del gobierno han tenido que ver con su gestión voluntarista del proceso. Y haber estado más preocupado por atender a las invectivas del PP que por haber comprometido su capital de modo cierto en esta iniciativa. Ha habido errores evidentes en la gestión y en el uso de la información. Y estos errores pueden y deben ser corregidos.

Para Izquierda Unida no hay dudas de que el único responsable de esta ruptura inesperada del proceso de paz ha sido ETA. Por eso es tan incomprensible y peligrosa la posición del Partido Popular. Su actitud en todo este período ha sido la de sabotear cualquier posibilidad de éxito del proceso de paz e instrumentalizar el dolor de las víctimas tratando de conseguir réditos políticos. Por lo que parece, el PP es el único depositario de la verdadera interpretación de lo que el Estado debe hacer en relación con la lucha antiterrorista. Todos aquellos que no nos avenimos a coincidir con sus puntos de vista podemos ser, en cualquier momento, satanizados como amigos de los terroristas. En esta lógica de exclusión democrática, no ha dudado incluso en hacer valer a la derecha instalada en el poder judicial para boicotear desde esa instancia cualquier posibilidad de avance.

Nuestra propuesta es:

1. en primer lugar, no aceptar la vuelta al terror y la desesperanza, responder al terror mediante la movilización social, el acuerdo político y el trabajo consensuado para abrir perspectivas de cambio para el futuro próximo.

2. Pensando en soluciones no podemos mirar hacia el pasado. Insistir en el Pacto Antiterrorista es perseverar en el mantenimiento de la lógica de exclusión y de confrontación entre demócratas favorables a la paz alentada por el PP. Es insistir en la primacía de la lógica penal de excepción frente a la política, en la lógica de la guerra frente a una perspectiva civil, es en definitiva minimizar la democracia y sus posibilidades

3. y para ello promovemos un Pacto por la paz que visibilice el acuerdo de los demócratas comprometidos con la paz y que envíe una señal clara a los terroristas y sus subordinados: la España plural y democrática quiere la paz y les señale a ellos como los principales responsables.

4. en cuarto lugar, creemos que estas nuevas bases para un amplio compromiso por la paz deben defender la respuesta civil desde la aplicación del estado de derecho sin atajos frente al terrorismo, combinando el uso de medidas políticas con la construcción de una red social de apoyo a la paz, sin sectarismos y sin instrumentalización política.

5. En quinto lugar, IU promoverá y apoyará las movilizaciones frente a la violencia y a favor del diálogo y la paz convocadas desde diferentes instancias

6. Por último, no descartar la esperanza, abrir a medio plazo y sobre nuevas bases, un nuevo proceso de paz, como única forma de solución definitiva a la actual situación.