Acabar con la violencia, trabajar por la paz
Lunes, 8 de enero de 2007
Después del atentado del día 30 de diciembre con su balance de muerte y destrucción
y el hallazgo de 100 kilos de amonal en Atxondo, sobran palabras respecto a las
verdaderas pretensiones de la organización terrorista ETA.
Es mejor no imaginar que hubiera ocurrido si las circunstancias no hubieran limitado
los daños humanos y materiales.
La lógica suicida en la que está instalada la banda desde hace años ha revelado toda
su miseria moral y política en este atentado: ruptura de “su” propia tregua sin avisar,
continuidad de la lógica de presión mediante el terror, indiferencia por los posibles
efectos devastadores de la deflagración, dos muertes, Diego A. Estacio y Carlos A.
Palate, cuyo delito fue intentar una vida mejor en nuestro país.
ETA no solo ha dinamitado este proceso de paz sino que ha establecido una
nueva frontera para pensar un futuro en paz. En adelante, sus palabras no quieren
decir nada y cabe dudar de sus condiciones para asegurar una interlocución creíble.
Con este atentado ETA se ha suicidado como actor en condiciones de intervenir en la
construcción de la paz en Euskadi y en España. Resultan ahora más patéticas, si
cabe, sus pretensiones de convertirse en tutelador político del proceso de paz. ETA
debe saber que lo único que cabe esperar de ellos es un llamamiento a un cese
total y definitivo del terror. Cualquier otra cosa, simplemente, no servirá.
Batasuna y su entorno han dado muestras de una ausencia de autonomía política
difícil de imaginar. Sus ruedas de prensa han puesto de manifiesto hasta que punto su
discurso no es ya si no el eco enajenado de una realidad que no existe. Declarar de
manera tan impune su subordinación al terror y su incapacidad para influir en el curso
de la situación, solo puede ser entendible como el reflejo temeroso de quien no es
capaz de comprender lo ocurrido. Y no tienen mucho tiempo para enmendar la
situación.
Su única posibilidad es realizar una condena inequívoca del atentado y establecer un
pronunciamiento sin dudas sobre su compromiso con la paz, con los procesos
deliberativos y democráticos y su exigencia a ETA no sólo de que termine con el terror
de manera definitiva, sino que no le considera como tutelador político de ningún
proceso futuro.
Pero ni los demócratas ni la democracia podemos renunciar a la esperanza. Y la
esperanza es un país en paz y un proceso democrático normalizado, es decir, sin la
interferencia del terror ni la amenaza de la violencia. Por eso, desde IU reclamamos
firmeza frente al terrorismo, información veraz del proceso por parte del gobierno,
humildad en relación al proceso y acción política para lograr a medio plazo un proceso
de paz sobre nuevas bases.
IU considera que para facilitar que esa situación se produzca de manera razonable los
demócratas comprometidos con la paz tenemos, desde la humildad, cosas también
que aprender en este proceso. Es nuestro error no haber sabido construir una red
social y política de apoyo a la paz que visibilizase que la mayoría de la sociedad quiere
un proceso que concluya con la paz y la normalización. Las insuficiencias del gobierno
han tenido que ver con su gestión voluntarista del proceso. Y haber estado más
preocupado por atender a las invectivas del PP que por haber comprometido su capital
de modo cierto en esta iniciativa. Ha habido errores evidentes en la gestión y en el uso
de la información. Y estos errores pueden y deben ser corregidos.
Para Izquierda Unida no hay dudas de que el único responsable de esta ruptura
inesperada del proceso de paz ha sido ETA. Por eso es tan incomprensible y peligrosa
la posición del Partido Popular. Su actitud en todo este período ha sido la de sabotear
cualquier posibilidad de éxito del proceso de paz e instrumentalizar el dolor de las
víctimas tratando de conseguir réditos políticos. Por lo que parece, el PP es el único
depositario de la verdadera interpretación de lo que el Estado debe hacer en relación
con la lucha antiterrorista. Todos aquellos que no nos avenimos a coincidir con sus
puntos de vista podemos ser, en cualquier momento, satanizados como amigos de los
terroristas. En esta lógica de exclusión democrática, no ha dudado incluso en hacer
valer a la derecha instalada en el poder judicial para boicotear desde esa instancia
cualquier posibilidad de avance.
Nuestra propuesta es:
1. en primer lugar, no aceptar la vuelta al terror y la desesperanza, responder al
terror mediante la movilización social, el acuerdo político y el trabajo
consensuado para abrir perspectivas de cambio para el futuro próximo.
2. Pensando en soluciones no podemos mirar hacia el pasado. Insistir en el
Pacto Antiterrorista es perseverar en el mantenimiento de la lógica de
exclusión y de confrontación entre demócratas favorables a la paz alentada
por el PP. Es insistir en la primacía de la lógica penal de excepción frente a la
política, en la lógica de la guerra frente a una perspectiva civil, es en definitiva
minimizar la democracia y sus posibilidades
3. y para ello promovemos un Pacto por la paz que visibilice el acuerdo de los
demócratas comprometidos con la paz y que envíe una señal clara a los
terroristas y sus subordinados: la España plural y democrática quiere la paz y
les señale a ellos como los principales responsables.
4. en cuarto lugar, creemos que estas nuevas bases para un amplio compromiso
por la paz deben defender la respuesta civil desde la aplicación del estado de
derecho sin atajos frente al terrorismo, combinando el uso de medidas
políticas con la construcción de una red social de apoyo a la paz, sin
sectarismos y sin instrumentalización política.
5. En quinto lugar, IU promoverá y apoyará las movilizaciones frente a la
violencia y a favor del diálogo y la paz convocadas desde diferentes instancias
6. Por último, no descartar la esperanza, abrir a medio plazo y sobre nuevas
bases, un nuevo proceso de paz, como única forma de solución definitiva a la
actual situación.